Reconocimiento facial y “Avatartech”: el holograma que nos hace “vivir” después de la muerte.

Mucho se habla en los últimos meses del reconocimiento facial y de sus posibles usos (para desbloquear el móvil, acceder al autobús o relacionarnos, de manera unívoca, con la Administración, entre otras funcionalidades), así como de sus implicaciones en materia de protección de datos personales. De hecho, son muchas autoridades europeas las que ya se han pronunciado al respecto, como el Comité Europeo de Protección de Datos (EDPS) que, a través de un artículo publicado por uno de sus miembros, Wojciech Wiewiórowski, ha señalado que “ahora es el momento para que la UE, al discutir la ética de la Inteligencia Artificial y la necesidad de regulación, determine si la tecnología de reconocimiento facial puede ser permitida en una sociedad democrática” para, en caso afirmativo, determinar qué garantías y salvaguardas deben aplicarse para la utilización de dichas tecnologías.

Como decimos, el reconocimiento facial es una tendencia cada vez más instaurada y cuyas funcionalidades son estudiadas por numerosas empresas (públicas y privadas) para ser implementadas en sus relaciones diarias con los ciudadanos. Pero esta tecnología parecer estar yendo mucho más allá, y ya existen empresas que, basándose en los rasgos biométricos faciales de los individuos, crean un holograma que recrea la figura de la persona, así como sus gestos o su voz, y que permite a sus seres queridos sentirlo “cerca” una vez fallecido.

Como si se tratara del capítulo de Black Miror “Be right back”, en el que, una vez fallecidas las personas, y gracias a los comentarios, videos o fotos que han ido publicando en sus redes sociales durante su vida, se crea un robot con su apariencia, lenguaje, voz y expresión corporal, la tecnología “Avatartech”, ya desarrollada por algunas empresas de EEUU, permitiría a los individuos, antes de su fallecimiento, crear un holograma o “gemelo digital” que haría que los humanos fuésemos, de alguna manera, eternos.

Sin duda, la tecnología “Avatartech” podría suponer una revolución en el mundo digital, al recrear de una manera casi idéntica la identidad de un ser humano utilizando sus datos biométricos faciales, así como su información privada y personal, su expresión corporal o sus rasgos físicos para construir un perfil que articule un “avatar” que se asemeje, de la manera más exacta posible, al humano del que trae causa. 

Esta tecnología, no exenta de polémica, traería consigo un sinfín de implicaciones jurídicas, no sólo en materia de protección de datos personales, al utilizar el reconocimiento facial de la persona ya fallecida para dotarle de esa personificación, sino también en materia de propiedad intelectual al tener que determinarse de quién es la propiedad de ese holograma desarrollado por una empresa tecnológica, así como otras muchas implicaciones al seguir utilizándose datos biométricos (cada vez usados para más funcionalidades) de una persona ya fallecida.

Con respecto al reconocimiento facial también se ha pronunciado la Autoridad de control en materia de protección de datos de Reino Unido (“Information Commissioner’s Office” o “ICO”), que ha publicado una Opinión Jurídica en la que señala, entre otras cuestiones, que “la combinación actual de leyes, códigos y prácticas relacionadas con el reconocimiento facial no impulsará el enfoque ético y legal que se necesita para manejar verdaderamente el riesgo que presenta esta tecnología” y que las empresas que utilicen estas tecnologías deben “identificar una base jurídica que ofrezca una justificación legal suficientemente clara, precisa y previsible para utilizar el reconocimiento facial”, teniendo en cuenta que no se podrán usar dichos datos biométricos sin el consentimiento del usuario salvo que sea “estrictamente necesario” para mantener el orden público.  

Cabe destacar que el propio Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD) incluye, en la definición de datos sensibles y que, por tanto, sólo podrán tratarse con consentimiento explícito del afectado o por otras razones de interés público, los datos genéticos y los datos biométricos dirigidos a identificar de manera unívoca a una persona física, como ocurriría en el caso del reconocimiento facial.

En cualquier caso, y teniendo en cuenta que ni las leyes ni las tecnologías disponibles actualmente permiten garantizar que el reconocimiento facial se utilizará y aplicará de manera segura y con las máximas garantías para los individuos, parece que queda un largo camino por recorrer en este mundo de las identidades digitales.

Ignacio González de Aledo Castillo.

Head of Digital Regulation & Tech Law

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